jueves, 12 de marzo de 2015

10 errores en el campo misionero que debo evitar.



10 Errores En Las Misiones Y El Campo Misionero
Una de las mayores alegrías de mi vida es estar ministrando en países extranjeros. Desde que me rendí a un llamado a las misiones hace 16 años, he visitado varios países y desarrollado relaciones con muchos pastores y líderes que ahora me consideran su amigo y hermano. Las misiones están en el corazón de nuestra fe cristiana, y creo que cada iglesia debe participar activamente en ambas misiones extranjeras y locales para que podamos avanzar en el evangelio de Jesús en nuestra generación.
Pero como todo lo demás en la vida, hay una manera correcta y una manera incorrecta de participar en la obra misionera. He aprendido de mis propios errores, y también he visto algunos ejemplos tristes de misiones que a corto plazo que han fracasado. Si está pensando en un viaje misionero a corto plazo o largo plazo, evita estos 10 terribles errores a continuación:
1. Actuar Con Mal Humor y Queja
Si va a viajar a un país en desarrollo, aquí está la Regla No. 1: Prepárese para los retrasos, las duchas frías, grandes insectos y escorpiones, cortes de energía, sanitarios inusuales, tráfico loco y alimentos extraños. Tome una decisión antes de salir que no va a dejar que una queja salga de su boca. Sea flexible y lleno de gracia. Concéntrese en lo positivo, disfrute de la belleza del país y regrese a casa con una gratitud renovada por tus bendiciones en el hogar.
2. Cuidado Con Lo que Le Dice A La gente
Usted no se va al extranjero para enseñar a los pobres, o a los ignorantes de lo que conoces. Si esa es su actitud, haz un favor a todos y ¡quédese en casa! Usted va a servir más desde allí. La mayor parte de lo que sé sobre el ministerio de misiones lo he aprendido con la gente más humilde que conocí en otros países. Ya sea que usted este enseñando, predicando, en la construcción de orfanatos o alimentando a los pobres, humillarse delante de las personas y lavar sus pies es la actitud correcta. Y esperar aprender grandes lecciones de la gente que está visitando.
3. Construir Relaciones Basadas en el dinero
La gente en los países pobres tienden a pensar que todos los extranjeros son ricos, y ellos tendrán la tentación de mirar hacia nosotros en vez de al Dios que proveerá. No hable de dinero siempre, no haga alarde de relojes o joyas costosas, y no entregue dinero en efectivo para todos los que conoce. Deje que sus amigos sepan que usted desea una verdadera amistad con ellos que no depende de las finanzas.
4. Hacer Demandas
Sé de algunos predicadores “de la prosperidad” que esperan un tratamiento de reyes cuando van a países extranjeros. Un hombre dijo a su anfitrión que necesitaba un hotel que costaba $ 1.000 dólares por noche en una nación donde la mayoría de la gente vive en apartamentos de estilo pobre. El apóstol Pablo enseño un enfoque diferente, el estaba dispuesto a vivir entre la gente en su mismo nivel (ver 1 Tes.2:9-10). Si Jesús estaba dispuesto a entrar en este mundo en un pesebre, debemos estar dispuestos a dejar de lado nuestros gustos caros.

5. Romper Las Promesas
Cuando se conecta profundamente con un pastor local o congregación en el extranjero, usted será llevado en amor para ellos y tendrá que hacer todo lo posible para ayudarlos. Pero no prometa cosas que no podrá cumplir. Siempre recuérdeles, y también a usted mismo, que debemos orar por provisión y esperar en Dios para la respuesta. Si usted entra en un ministerio, siempre honre las promesas que ha hecho.
 6. Llevar Un Grupo Que No Está Comprometido Con Jesús
Sé de una mujer joven y entusiasta que se fue en un viaje misionero a África con su iglesia y terminó durmiendo con un chico de ese país. ¿Cómo esto puede suceder? Cualquier persona que va con usted en un viaje necesita una verificación de antecedentes y la recomendación de un pastor. Los viajes misioneros nunca deben ser vistos como oportunidades para “turismo religioso” por personas inmaduras que anhelan una aventura de viaje. El comportamiento de los miembros de su equipo debe honrar a Cristo en cada momento.
7. Trabajar Con Personas En El Extranjero Sin Indagar Sobre Ellos
Pastores en el extranjero me piden casi mensualmente que quieren que yo visite su iglesia, apoye sus programas o haga campañas evangelísticas en sus ciudades o aldeas. Hay países donde, algunos cristianos sin escrúpulos en la Internet buscan iglesias que les envíen dinero. Algunas personas se hacen pasar por pastores y hablan con personas ingenuas para pedirles fondos para un viaje y luego desaparecen. Si usted va a hacer el trabajo de misiones, tendrá el don del discernimiento. No se deje embaucar por un artista de la estafa que se hace pasar por un “amado hermano.”
8. El Usar El Pensamiento “choque y fuga” En Las Misiones
Cuando visito un país que casi siempre termino regresando porque he construido relaciones fuertes con los ministerios. Hace algunos años hice mi segunda visita al Ecuador, donde ayudamos en una casa hogar y a un colegio para niños pobres. El trabajo misionero debe ser una misión a largo plazo. Si su iglesia tiene previsto iniciar un programa misionero, y no sólo el esparcir semillas aquí y allá. Con oración, inviertan en algunos lugares y dejen que el Espíritu Santo los conecte con esas personas para toda la vida.
9. Falsificar Su Trabajo
Nos reímos sobre el predicador que esta “hablando evangelisticamente” sobre las multitudes que atraía en su viaje misionero. Pero la exageración es mentir, y mentir es pecado. No hay nada más desagradable que un cristiano que infla las estadísticas para llamar la atención o recaudar fondos. Si usted construye su ministerio en verdades a medias tendrá grietas cubiertas por maquillaje. Sea honesto, responsable y diga siempre la verdad.
10. Centrarse en los números
Hay una enorme presión en el trabajo misionero por demostrar nuestra eficacia “contando cabezas”. Pero el reino de Dios no se trata de multitudes-se trata de hacer discípulos (ver Mateo 28: 19-20). Algunos de mis momentos más intensos en el campo misionero esta en las pequeñas reuniones donde Dios cambió algunas pocas vidas para siempre, y después esas personas cambiaron otras vidas. No estoy impresionado cuando alguien dice que 5,000 personas oraron para recibir a Jesús. Quiero saber si estos nuevos convertidos fueron seguidos y conectados con las iglesias locales para ser discipulados.
Espero que sea cada vez más apasionado por el mensaje de Cristo al mundo. Pero a medida que las maletas para su viaje misionero se preparan, deje su “equipaje” que no sea necesario en casa y vaya con un corazón humilde y dócil.

Bendiciones de Dios atu vida    Shaloom ¡¡¡¡¡

7 claves para predicar con exito.



7 Claves Vitales Para Una Excelente Predicación


De todas las cosas que los líderes cristianos necesitan saber, creo que una de las más importantes es la comunicación efectiva. Una de las razones principales es porque no importa en que área de liderazgo estamos trabajando, siempre vamos a tener que comunicarnos con otros.

De todas las profesiones que puedo pensar, un líder cristiano generalmente tiene que pararse en frente de las personas por lo menos dos veces a la semana y muchas veces más. Esto significa que, un líder cristiano en promedio presentará un mensaje o lección por lo menos 104 veces al año.

Con este número de presentaciones se me ocurre pensar que el cristiano en un rol de liderazgo podría ser el mejor en presentaciones públicas, mejor que cualquier otro conferencista, incluyendo oradores de motivación o política.
Para ayudarnos a convertirnos en los mejores oradores, me gustaría ofrecerles 7 claves vitales para una gran predicación:

1. Conéctate con tu audiencia.

La primera clave que me gustaría dar es la importancia de conectarse con su audiencia. Por definición, la comunicación es la habilidad de establecer un terreno en común entre el conferenciante y la audiencia. De manera que un predicador sabio estructurará su material de tal manera que se conectará con la audiencia. Cuando tú te conectas con la audiencia les estás pidiendo a ellos su permiso para hablarles. Cuando recibes su permiso, entonces estás más apto para motivarlos a la acción.

He aquí algunas maneras en las que te puedes conectar con tu audiencia:

    Comienza con un impacto. Los primeros 3 minutos de una presentación son cuando la audiencia está analizando si van a escuchar el resto de la presentación o no. Si no capturas su atención en los primeros tres minutos, será muy difícil recuperar nuevamente su atención. Así que comienza con algo que capte su atención; una historia, un chiste, un hecho interesante, etc.

    Ponte en sus zapatos. Las personas van a escuchar a las personas con las cuales se pueden relacionar. Si pueden ver que el conferencista es como ellos, van a escucharle. Al presentar al conferencista, asegúrate de mostrarte relacionable. Vístete como ellos si es aceptable. Relaciona tus puntos centrales con cosas que son relevantes en sus vidas.

    Habla en un lenguaje que sea congruente con tu audiencia. El lenguaje y la elección de palabras son muy importantes. Si hablas un lenguaje muy refinado a una audiencia que no tiene esa base, hablarás por sobre su capacidad y los perderás. Si hablas a la gente por debajo de su nivel, también los vas a perder.
 La idea es hablar en un nivel que la mayoría de las personas vayan a comprender.

2. Sé consciente de la meta del hablar en público.-
 El segundo consejo que me gustaría sugerir es que estés consciente de la meta del hablar en público. Cuando digo hablar en público quiero decir enseñar en clase, predicar mensajes, etc. Si tendríamos que preguntar a la mayoría de las personas cuál es la meta del hablar en público, la mayoría podría decir que es enseñar algo. La verdad del asunto es que la meta de hablar en público no es enseñar algo.

 John Maxwell comparte una declaración que establece muy claramente la diferencia entre un comunicador y un educador: “Un comunicador toma algo difícil y lo hace fácil de comprender, y un educador toma algo fácil de comprender y lo hace difícil”. Como comunicador, tu meta es hacer que las cosas sean simples de modo que las personas puedan vivirlas. El resultado final de toda comunicación es que los oyentes hagan algo, cualquier cosa que implique cambiar sus acciones para estar más comprometidos. La meta debe ser que ellos hagan algo.

Cuando nuestra meta en la predicación es que nuestros oyentes hagan algo, entonces tendremos los siguientes resultados:

    No estarás tan preocupado en cómo te ves, sino que te preocuparás de ver lo que los oyentes están haciendo.

    Evaluarás y cambiarás tu mensaje constantemente, basado en si los oyentes hacen o no hacen lo que están aprendiendo.

    Trabajarás más arduamente para hacer que la lección pueda ser aplicable en la vida de tus estudiantes.

    Ganarás credibilidad a los ojos de los estudiantes.

3. Combate las 5 mentiras más grandes del hablar en público.

Una de las herramientas más grandes que he encontrado para ayudarme a ser un mejor orador público ha sido comprender las 5 falsedades más grandes en las cuales la mayoría de los oradores públicos creen. La mayoría de los oradores públicos creen ingenuamente en 5 falsedades comunes, y debido a ello no logran conectarse con su audiencia.

A continuación están las 5 mentiras comunes y sus antídotos:
Mentiras acerca de tu audiencia

   + Las personas están ansiosas por escuchar lo que tengo que decir
 + Las personas están interesadas en los asuntos que tengo para compartir
   + Las personas usan y comprometen su imaginación mientras estoy      hablando
   + Las personas pueden recordar todo lo que dije
   + Las personas entienden con claridad lo que yo quiero que hagan

La verdad acerca de tu audiencia

    Las personas están aburridas a menos que les des una razón para no estar aburridas
    Las personas están interesadas en sus propios asuntos a menos que les des una razón para estar interesadas en los tuyos
    A las personas les falta imaginación
    Las personas tienen poca memoria
    Generalmente, las personas no tiene idea de qué hacer a continuación

Respuesta al problema

    Crea un fuego: dales algo que capte su atención
    Crea un puente: Conecta sus necesidades con el tema
    Dales una ventana para mirar a través de ella: Dales ilustraciones claras.
    Dales una cesta para que junten todos los puntos importantes: dales una manera de organizar y memorizar esos puntos.
    Dales un cartel: dales pasos con acciones específicas.


4. Dale a tu audiencia los tres componentes básicos de la predicación efectiva.

Con el paso de los años he descubierto tres componentes básicos de la comunicación efectiva, cosas que trato de dar a mi audiencia cada vez que presento un mensaje en público.

    Dales algo para agarrar.- Yo generalmente intento captar el intelecto de mi audiencia. Nuestra meta como predicadores no es necesariamente enseñarles algo que ya saben, sino lograr involucrar su intelecto en el mensaje que se está compartiendo. Como resultado de esta meta, yo deseo traer más elementos en la enseñanza de simples versículos bíblicos.

Cosas como artículos recientes que sostienen la enseñanza, interesantes hechos científicos, citas de personas conocidos, etc. Todos estos elementos añaden credibilidad a tu mensaje. Si yo puedo agarrarlos por el lado intelectual, hay mejores opciones de que ellos capten lo que quiero que capten.

    Dales algo para sentir.- No se trata de atrapar simplemente el intelecto, sino que también debes tocar sus corazones. Si no tocas sus corazones, no lograrás hacer que respondan al mensaje que has preparado.
Trata de compartir historias, ejemplos, experiencia personal, testimonios que has escuchado, parábolas (historias creadas), etc. Las personas generalmente recuerdan tus historias, no tus datos.

    Dales algo para hacer.- Es sorprendente la cantidad de personas que enseñan simplemente para dar información. Compartir un mensaje sin dar una acción que ellos deban hacer, es como hornear un pastel, ponerlo en una vitrina y no comerlo. El pastel ha sido hecho para comerlo, así como el propósito del mensaje es poner a las personas en acción.


5. Pasa tiempo desarrollando tu mensaje en el horno de la reflexión

Me gusta esta comparación, porque un horno no es un microondas. Un microondas cocina rápidamente las cosas, mientras que un horno permite que los sabores de determinada comida puedan manifestarse correctamente, sin dar un salto directo a los resultados finales. Muchas veces, cuando preparamos mensajes, no le damos al mensaje el tiempo que le permita estar bien desarrollado.

Mi sugerencia es la siguiente: Prepara el mensaje con tiempo de anticipación, para que puedas añadir ilustraciones y ejemplos de la vida durante la semana.

    Prepara los temas de tus mensajes por lo menos con dos semanas de adelanto.
    Mientras piensas en tu mensaje, lleva un pedazo de papel contigo para que puedas anotar ilustraciones, ayudas, historias, etc.
    Haz un bosquejo detallado de lo que puedes utilizar, como un marco para la creatividad. Ten algo sólidamente desarrollado y después añade los elementos creativos.

6. Consolida tus puntos claves con ilustraciones e historias convincentes.

- Las personas piensan en imágenes, no en palabras, y generalmente las personas recuerdan las historias y no los hechos o la presentación. Los predicadores efectivos unen sus puntos clave con imágenes visuales impactantes. Si miras las enseñanzas de Jesús, te vas a dar cuenta que muchas veces, él contó historias para ilustrar Su punto.

Jedd Medefind y Eric Lokkesmoe, en su libro “El comunicador revolucionario”, describen muy bien el contar historias, con la siguiente cita: “Las buenas historias hacen posible la predicación efectiva y los hechos no significan casi nada a menos que sean parte de una historia.”

Aquí hay algunos puntos del libro “El comunicador revolucionario” para ayudarte en este aspecto:

    El contar historias no es una parte de tu enseñanza, sino la médula espinal de tu enseñanza.
    Jesús no enseñó nada que no sea por medio de parábolas.
    Jesús nos dejó un solo sermón e incontables parábolas.
    Ninguna otra forma de comunicación se disfruta más que las historias.
    Ninguna otra forma de comunicación hace que las personas quieran escuchar lo que tienes que decir tanto como las historias.
    El narrador de la historia proporciona no sólo nueva información, sino que ofrece también un marco completo para que la información pueda integrarse a la vida del que escucha.

7. Usa el estilo comunicativo de hacer preguntas.

- Una de las formas más utilizadas por Jesús para predicar, fue mediante el hacer preguntas. Pareciera como que Él pocas veces respondía las preguntas de las personas de manera directa, sino que hacía más preguntas. Como predicadores, deberíamos seguir el modelo que Jesús nos dio porque al hacer preguntas, estamos invitando a los que nos escuchan a ser parte del proceso de aprendizaje.
Algunas razones importantes del por qué deberíamos hacer preguntas:

    Ellas obligan a los oyentes a utilizar su creatividad para encontrar soluciones.
    Ellas obligan al oyente a unirse y comprometerse con el proceso de aprendizaje.
    Ellas ayudan al oyente a recordar los puntos clave de la enseñanza.
    Ellas hacen más fácil el trabajo del predicador.

Tipos de preguntas que deberías hacer cuando estás predicando:

    Preguntas abiertas. Preguntas cuyas respuestas no sean un si o no.
    Preguntas que obliguen al oyente a definir términos en sus propias palabras.
    Preguntas para examinarse uno mismo. Preguntas que colocan al oyente en el centro mismo del asunto.
    Preguntas de reflexión. Preguntas que obligan a las personas a comunicar el asunto a otras personas, de manera clara e inteligente.

Conclusión:

 Es nuestro trabajo como predicadores, hacer lo mejor para dominar el arte de la comunicación efectiva. Mientras mejor lo hacemos, más oportunidades tendremos de transformar vidas.

Bendiciones de Dios a tu vida....Shalom¡¡¡¡¡¡

Nuestras creencias fundamentales.



Creencias Fundamentales
Remontamos nuestros orígenes a la Iglesia que fundó Jesús a comienzos del primer siglo. Seguimos las mismas enseñanzas, doctrinas y prácticas establecidas entonces. Nuestra comisión es proclamar el evangelio del venidero Reino de Dios a todo el mundo como testimonio y enseñarles a todas las naciones a observar lo que Cristo ordenó (Mateo 24:14; 25:19, 20).

Dios el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo
Creemos en un Dios, el Padre, quien existe eternamente, quien es un Espíritu, un Ser personal de suprema inteligencia, conocimiento, amor, justicia, poder y autoridad. Él, por medio de Jesucristo, es el Creador de los cielos y la tierra y de todo lo que hay en ellos. Él es la fuente de vida y aquel para quien existe la vida humana. Creemos en un Señor, Jesucristo de Nazaret, quien es el Verbo y ha existido eternamente. Creemos que él es el Mesías, el Cristo, el Hijo divino del Dios viviente, concebido del Espíritu Santo, nacido en carne humana de la virgen María. Creemos que es por él que Dios creó todas las cosas y que sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Creemos en el Espíritu Santo, como el Espíritu de Dios y de Cristo Jesús. El Espíritu Santo es el poder de Dios y el Espíritu de vida eterna (2 Timoteo 1:7; Efesios 4:6; 1 Corintios 8:6; Juan 1:1-4; Colosenses 1:16).

La Palabra de Dios
Creemos que las Escrituras, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, son la revelación de Dios y la totalidad de su voluntad expresada a la humanidad. Las Escrituras son inspiradas en pensamiento y palabra, son infalibles en los escritos originales, son la autoridad suprema y final en la fe y en la vida, y son el fundamento de toda verdad (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20-21; Juan 10:35; 17:17).

Satanás el diablo
Creemos que Satanás es un ser espiritual que es el adversario de Dios y de los hijos de Dios. Satanás ha recibido dominio sobre el mundo por cierto espacio de tiempo. Satanás ha engañado a la humanidad haciéndola rechazar a Dios y su ley. Satanás ha reinado mediante el engaño con la ayuda de las huestes de demonios que son ángeles rebeldes, seres espirituales, quienes siguieron a Satanás en su rebeldía (Mateo 4:1-11; Lucas 8:12; 2 Timoteo 2:26; Juan 12:31; 16:11; Apocalipsis 12:4, 9; 20:1-3, 7, 10; Levítico 16:21-22; 2 Corintios 4:4; 11:14; Efesios 2:2).

La humanidad
Creemos que la humanidad fue creada a imagen de Dios con el potencial de convertirse en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina. Dios formó a la humanidad de carne, que es sustancia material. Los seres humanos viven por el aliento de vida, son mortales, sujetos a corrupción y descomposición, carentes de vida eterna salvo como don de Dios dentro de los términos y condiciones de Dios tal como se expresan en la Biblia. Creemos que Dios puso ante Adán y Eva la opción de la vida eterna por obediencia a Dios, o muerte por el pecado. Adán y Eva cedieron a la tentación y desobedecieron a Dios. Como resultado, el pecado entró en el mundo, y por el pecado la muerte. Ahora la muerte reina sobre toda la humanidad porque todos han pecado (Génesis 1:26; 2 Pedro 1:4; Hebreos 9:27; 1 Corintios 15:22; Romanos 5:12; 6:23).

El pecado y la ley de Dios
Creemos que el pecado es infracción de la ley. La ley es espiritual, perfecta, santa, justa y buena. La ley define el amor de Dios y se basa en los dos grandes principios de amor a Dios y amor al prójimo, y es inmutable y obligatoria. Los Diez Mandamientos son los 10 puntos de la ley divina del amor. Creemos que quebrantar cualquier punto de la ley trae sobre la persona la pena del pecado. Creemos que esta ley espiritual fundamental revela el único camino a la vida verdadera y el único camino posible a la dicha, la paz y la alegría. Toda desdicha, miseria, angustia y pena ha venido de la transgresión de la ley de Dios (1 Juan 3:4; 5:3; Mateo 5:17-19; 19:17-19; 22:37-40; Santiago 2:10-11; Romanos 2:5-9; 7:12-14; 13:8-10).
El sacrificio de Jesucristo
Creemos que Dios amó tanto a este mundo de débiles pecadores que dio a su Hijo unigénito, quien fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero vivió sin pecado en carne humana. Ese Hijo, Jesucristo, murió como sacrificio por los pecados de la humanidad. Su vida, por tratarse del Creador de toda la humanidad, tiene más valor que la suma de toda vida humana. Por tanto, su muerte es suficiente para pagar la pena de los pecados de todo ser humano. Al pagar esta pena, hizo posible, conforme al plan de Dios, que se perdonaran los pecados de cada persona y de la humanidad en general, y que éstas fueran libradas de la pena de muerte (Hebreos 4:15; 9:15; 10:12; Juan 1:18; 3:16; Colosenses 1:16-17, 22; 1 Juan 2:2; 4:10; Efesios 1:11; Apocalipsis 13:8).

Tres días y tres noches
Creemos que el Padre levantó a Jesucristo de la muerte después que su cuerpo hubo permanecido tres días y tres noches en el sepulcro, haciendo así posible la inmortalidad para el hombre mortal. Luego ascendió al cielo, donde ahora está sentado a la diestra de Dios Padre como nuestro Sumo Sacerdote y Abogado (1 Pedro 1:17-21; 3:22; Mateo 12:40; 1 Corintios 15:53; 2 Timoteo 1:10; Juan 20:17; Hebreos 8:1; 12:2).

El arrepentimiento
Creemos que todos los que se arrepienten de sus pecados en total entrega y obediencia voluntaria a Dios, y que con fe aceptan a Jesucristo como su Salvador personal, reciben perdón de sus pecados por un acto de gracia divina. Tales individuos son justificados, perdonados de la pena del pecado y reciben el don del Espíritu Santo, que literalmente mora dentro de ellos y les proporciona el amor divino, lo único que puede cumplir la ley y producir justicia. Son bautizados por el Espíritu en el Cuerpo de Cristo, que es la verdadera Iglesia de Dios. Creemos en un verdadero cambio de vida y actitud. Solamente los que tienen la presencia interior del Espíritu Santo y son guiados por el mismo, son de Cristo (Hechos 2:38; 3:19; 5:29-32; 2 Corintios 7:10; Juan 3:16; Efesios 1:7; 2:7-9; Romanos 3:21-26; 5:5; 6:6; 8:4, 9-10, 14; 13:10; Jeremías 33:8; Juan 14:16-17; 1 Corintios 12:12-13; Filipenses 2:3-5).

El bautismo por inmersión
Creemos en la ordenanza del bautismo por inmersión en agua después del arrepentimiento. Mediante la imposición de las manos, con oración, el creyente recibe el Espíritu Santo y se convierte en parte del Cuerpo espiritual de Jesucristo (Mateo 3:13, 16; Juan 3:23; Hechos 2:38; 8:14-17; 19:5-6; 1 Corintios 12:13).

El día de reposo
Creemos que el séptimo día de la semana es el sábado del Señor nuestro Dios. En este día se nos ordena descansar de nuestras labores y adorar a Dios, conforme a las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, los apóstoles y la iglesia del Nuevo Testamento (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:8-11; 31:13-17; Levítico 23:3; Isaías 58:13; Hebreos 4:4-10; Marcos 1:21; 2:27-28; 6:2; Hechos 13:42-44; 17:2; 18:4; Lucas 4:31).

La Pascua
Creemos en la observancia de la Pascua del nuevo pacto la noche del 14 de abib, el aniversario de la muerte de nuestro Salvador (Levítico 23:5; Lucas 22:13-14).

Las fiestas bíblicas
Creemos en la observancia por orden divina de las siete fiestas anuales dadas por Dios a la antigua Israel y guardadas por Jesucristo, los apóstoles y la iglesia del Nuevo Testamento, y que serán guardadas por toda la humanidad durante el reinado milenario de Cristo. Estas fiestas revelan el plan de salvación de Dios (Colosenses 2:16-17; 1 Pedro 1:19-20; 1 Corintios 5:8; 15:22-26; 16:8; Santiago 1:18; Éxodo 23:14-17; Levítico 23; Lucas 2:41-42; 22:14-15; Juan 7:2, 8, 10, 14; Hechos 2:1; 18:21; 20:16; Zacarías 14:16-21).

Las leyes de Dios acerca de los alimentos
Creemos que no se han de comer las carnes señaladas por Dios como “inmundas” en Levítico 11 y Deuteronomio 14.

El servicio militar y la guerra
Creemos que los mandamientos de Dios le prohíben al cristiano quitar la vida humana directa o indirectamente, y que portar armas es contrario a esta creencia fundamental. Por tanto, creemos que los cristianos no deben ocuparse voluntariamente en el servicio militar. Si se les ocupa en el servicio militar involuntariamente, creemos que deben negarse en conciencia a portar armas y, en la medida de lo posible, rehusar estar bajo la autoridad militar (Éxodo 20:13; Mateo 5:21-22; 1 Corintios 7:21-23; Hechos 5:29).

Las promesas hechas a Abraham
Creemos en la justicia perdurable de Dios. Esa justicia está demostrada en la fidelidad de Dios al cumplir todas las promesas que hizo a Abraham, padre de los fieles. Tal como lo prometió, Dios multiplicó a los descendientes directos de Abraham de modo que Abraham se convirtió literalmente en “padre” de muchas naciones. Creemos que Dios, tal como lo prometió, hizo prosperar materialmente a los descendientes directos de Abraham: Isaac y Jacob (cuyo nombre cambió más tarde a Israel). Creemos que Dios, mediante Jesucristo, la Simiente de Abraham, está facilitando la salvación a toda la humanidad independientemente de su linaje físico. Por tanto, la salvación no es un derecho adquirido por nacimiento. Se ofrece libremente a todos los que Dios llama, y los que son considerados descendientes de Abraham son aquellos de la fe, herederos según las promesas. 

Creemos que el saber que Dios ha cumplido y sigue cumpliendo las promesas físicas hechas a Abraham y sus hijos, y que está cumpliendo la promesa espiritual por medio de Jesucristo, es esencial para entender el mensaje de los profetas y su aplicación al mundo en que vivimos (Salmos 111:1-10; Romanos 4:16; 9:7-8; Gálatas 3:16; Génesis 32:28).

El propósito de Dios para la humanidad
Creemos que el propósito de Dios para la humanidad es preparar a quienes él llama —y quienes elijan al vencer el pecado, forjar un carácter justo y crecer en gracia y conocimiento— para que posean el Reino de Dios y se conviertan en reyes y sacerdotes para reinar con Cristo a su regreso. Creemos que la razón de la existencia de la humanidad es literalmente nacer como seres espirituales dentro de la familia de Dios (Romanos 6:15-16; 8:14- 17, 30; Hechos 2:39; 2 Pedro 3:18; Apocalipsis 3:5; 5:10).

La iglesia
Creemos que la iglesia es aquel cuerpo de creyentes que han recibido y son guiados por el Espíritu Santo. La verdadera Iglesia de Dios es un organismo espiritual. Su nombre bíblico es “la Iglesia de Dios”. Creemos que la misión de la iglesia es predicar el evangelio (buenas noticias) del venidero Reino de Dios a todas las naciones como testimonio, y ayudar a reconciliar con Dios a las personas que están siendo llamadas ahora. Creemos que también es misión de la Iglesia de Dios fortalecer, edificar y cuidar a los hijos de Dios en amor y amonestación de nuestro Señor Jesucristo (Hechos 2:38-39, 47; 20:28; Romanos 8:14; 14:19; Efesios 1:22-23; 3:14; 4:11-16; 1 Corintios 1:2; 10:32; 11:16, 22; 12:27; 14:26; 15:9; 2 Corintios 1:1-2; 5:18-20; Gálatas 1:13;1 Tesalonicenses 2:14; 2 Tesalonicenses 1:4; 1 Timoteo 3:5, 15; Marcos 16:15; Mateo 24:14; 28:18-20; Juan 6:44, 65; 17:11, 16).

El diezmo
Creemos en el diezmo como una manera de honrar a Dios con nuestros bienes y como un medio de servirle en la predicación del evangelio, el cuidado de la iglesia, la asistencia a las fiestas y la ayuda a los necesitados (Proverbios 3:9-10; Génesis 14:17-20; 1 Corintios 9:7-14; Números 18:21; Deuteronomio 14:22-29).

Las resurrecciones
Creemos que la única esperanza de vida eterna para los seres humanos está en la resurrección mediante la presencia del Espíritu Santo en ellos. Creemos que al regreso de Jesucristo habrá una resurrección a la vida espiritual de todos los que hayan sido fieles siervos de Dios. Creemos que después de que Jesucristo haya reinado en la tierra 1.000 años, habrá una resurrección a la vida física de la inmensa mayoría de las personas que alguna vez existieron.
 Creemos que cuando estas personas hayan tenido la oportunidad de vivir físicamente, si se convierten, también recibirán la vida eterna. También creemos que los que rechacen la salvación ofrecida por Dios cosecharán la muerte eterna (1 Corintios 15:19, 42-52; Hechos 23:6; Juan 5:21-29; Romanos 6:23; 8:10-11; 1 Tesalonicenses 4:16; Ezequiel 37:1-14; Apocalipsis 20:4-5, 11-15; Juan 3:16; Mateo 25:46).

El regreso de Jesucristo
Creemos en el regreso personal, visible, pre milenario del Señor Jesucristo para gobernar a las naciones en la tierra como Rey de reyes y para continuar en su cargo sacerdotal como Señor de señores. Entonces se sentará en el trono de David. Durante su reinado de mil años en la tierra restaurará todas las cosas y establecerá el Reino de Dios para siempre (Mateo 24:30, 44; Apocalipsis 1:7; 11:15; 19:16; 20:4-6; 1 Tesalonicenses 4:13- 16; Juan 14:3; Isaías 9:7; 40:10-12; Hebreos 7:24; Jeremías 23:5; Lucas 1:32-33; Hechos 1:11; 3:21; 15:16; Daniel 7:14, 18, 27).

Bendiciones de Dios atu vida  ....Shalom¡¡¡¡